No ha pasado un mes desde su estreno y Hereditary ya ha provocado todo un torrente de reacciones de todo tipo. Desde los que creen que es una obra maestra del cine de terror reciente a los que no tienen ningún tipo de reparos en catalogarla como otro hype más propio de la época de alabanzas en blanco y negro que vivimos.

Sin embargo, el aspecto que nadie puede negarle es su consciencia del género de horror: Ari Aster afirma que sus referentes de terror son los que le marcaron la adolescencia, pero también incide en unos cuantos referentes inesperados que no suelen aparecer todos los días cuando hablamos de creadores en el panorama del terror actual.

El debut de Ari Aster ha llegado sin avisar para plantarse como una de las mejores muestras de terror de la década de los 2010. Como muchas otras películas de terror de la década, plantea su propuesta a partir de hitos del cine de terror más clásico, huyendo de la visceralidad violenta de los terrores de principio de siglo para regresar a los dramas de los 70 y a otros referentes no tan manejados en la última gran etapa del terror en los 2000. Repasamos algunas de las películas y guías visuales con las que ‘Hereditary’ puede emparentarse, conscientemente o no.

A pesar de ello, la película es más que un puñado de guiños u homenajes, funciona como una obra cerrada, con una idea inicial llevada hasta sus últimas consecuencias, cuyos lazos con obras recientes o clásicas sirven como palanca utilitaria más que como reverencia estéril o juego para fanáticos. Eso no quiere decir que no pertenezca a toda una tradición de cine de terror adulto de la que Aster no quiere ni amaga con renunciar.

Repasemos algunas de los pilares y raíces que han creado el lecho en donde se ha plantado esta historia de enfermedad mental, cultos, posesiones y maldiciones genéticas. La ocasión sirve, además para rescatar algunos títulos que se han ido asimilando en diferentes cánones y merece, de vez en cuando, rescatar del olvido, por lo que el texto debe tomarse como una celebración, nunca como una acusación, de la historia del cine de terror, de cómo dialoga con las muestras modernas, como muta y crea túneles, recovecos y atajos por los que pueden aparecer largometrajes que se valen de las reglas para subvertirlas y refrescar los mismos conceptos, tal y como hace Hereditary, tal y como hicieron las demás en su momento.

El Exorcista (The Exorcista, 1973)

La influencia y legado infinito de algunas películas de terror parece no tener fondo. Si echamos la vista atrás al género desde el momento del estreno de El Exorcismo de Emily Rose (The Exorcism of Emily Rose, 2005), el influjo de la película de William Friedkin está presente en múltiples variaciones de sus principales señas de identidad. Aunque el principal ángulo haya sido el de la posesión, desde su precuela hasta el cine con el que James Wan ha revolucionado el género en su concepción más comercial y de espectáculo, el retrato de pura fórmula de la estructura ha agotado el relato de la posesión-visita del cura- exorcismo. Sin embargo, ninguna de las películas de estos años se han ganado la comparación con la original. ¿Por qué sí Hereditary?

En primer lugar por el terror a fuego lento. El hecho de plantear un drama familiar no es gratuito, o una pose para escapar del género como piensan algunos. En realidad, puede verse como un gran truco para orquestar su espeluznante tramo final, e incrementar así el poder de sus imágenes de impacto.

Tal y como sucedía en El Exorcista, en realidad todo funciona por su tono gélido, su planteamiento realista, y el poder de sus imágenes finales. Obviamente, todo es una vuelta de tuerca al concepto tradicional de exorcismo, pero, además de referencias directas, como cuando la llama de una vela estalla hacia arriba repentinamente, regresan temas comunes como la posesión violenta (la imágenes de autolesión salvaje de Annie son realmente equivalentes en impacto a las de Regan), los demonios de ascensión oriental (Pazuzu/Paimon), la maternidad amenazada por lo sobrenatural, el uso de la Ouija o rituales de espiritismo como portal al mal y algunas ideas visuales y conceptuales que comparte incluso con su secuela. Así, es imposible no pensar en la vieja trepadora de El Exorcista III ( The Exorcist III, 1990) y la fijación por las decapitaciones en ambas cintas.

Arte clásico macabro

La influencia del arte en el cine, es, a veces, poco tenida en cuenta a la hora de revisar el calado visual complejísimo que tienen un buena parte de las creaciones de terror moderno. Una de las más obvias certificaciones recientes de esta relación es la escena final de La bruja (The Witch, 2015) con una plasmación del aquelarre Goyesco en toda regla. Y es el manchego buena inspiración de colores ocres y negruzcos de la paleta de buena parte del terror sobrenatural actual.

Sin Salir del espectro de las decapitaciones, el arte ha amamantado una buena parte de la imaginería asociada a la decapitación. Lejos del momento gore del asesinato, la imagen del cuerpo decapitado ha sido un motivo grotesco en sí mismo y en Goya lo encontramos en grabados tan impactantes como ‘Grande hazaña! Con muertos!’ que muestra una extraña composición con las partes mutiladas de unos hombres en un árbol, formando un siniestro tótem que recuerda al del final de la película. No puede obviarse tampoco el clásico Saturno devorando a sus hijos, que conecta además temáticamente con la dimensión trágica de Hereditary, en la que la madre de Annie, casi literalmente, les vende, provoca su decapitación devorando metafóricamente sus almas, dejando sus cuerpos, tanto de Charlie como de Annie, sin cabeza.

Artículo de Horror Losers.

Ver texto completo en: https://horrorlosers.tumblr.com/post/175716594465/hereditary-influencias-conexiones-y


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